1.
La Santa Escritura es la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y obediencia salvíficos. Aunque la luz de la naturaleza, las obras de la creación y la providencia manifiestan de tal manera la bondad, la sabiduría y el poder de Dios, que dejan a los hombres sin excusa, sin embargo no son suficientes para impartir aquel conocimiento de Dios y de Su voluntad que es necesario para la salvación. Por tanto, agradó al Señor, en varias ocasiones y de diversas maneras, revelarse a Sí mismo y declarar Su voluntad a Su iglesia; y luego, con miras a la mejor preservación y propagación de la verdad, y para la firmeza y consuelo de la iglesia contra la corrupción de la carne y la maldad de Satanás y del mundo, poner la misma completamente por escrito; lo cual hace que las Escrituras sean muy necesarias, habiendo ya cesado las maneras anteriores por las cuales Dios reveló Su voluntad a Su pueblo.